viernes, 25 de febrero de 2011

Qué es una Asana

Normalmente diríamos que “asana” es el nombre que recibe cada una de las posturas que se practican en yoga. Pero nos quedaríamos cortas. Si bien hacer una asana es adoptar una postura, no se trata solamente de una postura física, sino de una postura interna, de una actitud.

En una asana hay una posición del cuerpo concreta que influye de manera particular sobre algunos órganos, o glándulas, o sobre la columna, y que activa canales de energía específicos. Pero para obtener sus beneficios generosamente, no basta con colocarse en la postura sino que es necesario,

  • primero, relajar todo lo relajable,
  • segundo, respirar profunda y conscientemente,
  • tercero enfocar nuestra mente en la asana, y
  • cuarto, entregarnos y convertir esa experiencia en disfrute

Entonces, estamos haciendo una asana, o mejor dicho: la asana se está haciendo en nosotros.

Ahora imagínate convertir toda práctica en un disfrute ¡es maravilloso! No importa que la postura no sea “estructuralmente perfecta”, que no pueda bajar más, o girar bien, o flexionar mejor… realmente no es tan importante. Haz la postura lo mejor que puedas sin forzar nunca, sin pretender llegar a donde no llegas, pero mientras estés realizándola, relaja, respira, mantente ahí presente, entrégate y disfruta. Una buena actitud cambiará radicalmente tu práctica haciéndola más útil, más generosa y más placentera. No sólo pienses en tu bebé, quiérete mucho a ti misma, pues eso os beneficiará a ambos.

domingo, 13 de febrero de 2011

Libera la tensión de tus hombros


Es bastante común tener tensión en el cuello y los hombros. Las razones pueden ser varias: por una cuestión de postura, como la que adoptamos mientras trabajamos en un escritorio, por cargar cosas, o por emociones que somatizamos… Seguro que todo esto te suena familiar.Durante el embarazo, especialmente en el tercer trimestre, tenemos además la circunstancia de que nuestra movilidad se ve un poco disminuída y la pesadez en general aumenta, y esto se refleja claramente en los hombros, que se van tensando. Pero no son sólo los hombros, sino la musculatura que los conecta con los omóplatos y con el cuello, e incluso con la mandíbula. El resultado es por una parte una contracción general y por otra un estancamiento de la energía de tu cuerpo.

Hoy vamos a hacer unos ejercicios sencillos que movilizarán la zona liberando esas tensiones. Es importante que los realices con cierta frecuencia, especialmente cuando notes que la zona empieza a molestarte. Pero si tienes una contractura, y sobre todo si estás en una fase aguda, no es momento de practicarlos, quizás te vendría mejor un masaje relajante y unas buenas respiraciones para sentirte más tranquila y feliz.


Cómo practicarlos

Necesitarás un pañuelo o un cinturón que rodee tus muñecas y las mantenga separadas a una distancia igual que la de tus hombros.



























Ejercicio 1

  1. Siéntate en un banquito cómodamente y con la espalda recta. Para ello te ayudará sentarte más cerca del borde y dejar que tus rodillas bajen un poco.
  2. Coloca delante de tí los brazos estirados y las palmas de las manos extendidas mirándose entre sí. Empuja hacia afuera como intentando separar los brazos y siente la resistencia del pañuelo, pero no tenses los hombros ni el cuello.
  3. Expulsa a fondo el aire, y con la inspiración comienza a levantar lentamente ambos brazos manteniéndolos separados. Sube lentamente y cuando acabe tu inspiración detente, vuelve a relajar los hombros con la exhalación, y al volver a inspirar reinicia el movimiento subiendo más los brazos. Hazlo así hasta que llegues arriba, y mantente un ratito ocupándote de relajar a fondo brazos, hombros y cuello. Observa la acción de la postura sobre la parte alta del pecho y los omóplatos.
  4. Haz una inspiración profunda, y mientras expulsas el aire baja suavemente los brazos hasta la postura inicial. Posa las manos en tus muslos y descansa.

Ejercicio 2

  1. Sentada en el banquito, revisa tu postura, pon la espalda recta y relájate.
  2. Con los brazos hacia tu espalda colócate el pañuelo, que mantendrá la medida del ejercicio anterior, entre las muñecas. Estira los brazos con las palmas de las manos mirándose una a otra. Separa los brazos haciendo una pequeña presión hacia el pañuelo.
  3. Haz una exhalación profunda, relaja a fondo tus hombros como dejando que “caigan” y llevándolos un poco hacia atrás, y con la inspiración levanta suavemente tus brazos hasta donde puedas.
  4. Con cada exhalación relaja aún más los hombros, cuello y mandíbula. Siente cómo tu pecho se abre con cada inspiración y cómo se movilizan los omóplatos. Procura mantenerte en la posición durante unas cuantas respiraciones, sin tensar hombros ni forzar la zona lumbar.
  5. Haz una inspiración profunda, y mientras expulsas el aire ve bajando los brazos hasta la posición inicial. Retírate el pañuelo, posa las manos en los muslos, y descansa.

1.